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EL ARTE DE DECIR NO

EL ARTE DE DECIR NO

El arte de decir NO

5 estrategias que funcionan

¿Te has visto en la situación en la que un compañero te pide ayuda constantemente y tú siempre se la proporcionas? ¿Cada vez que tu jefe te pide algo urgente, sientes que tienes que dejarlo todo y resolver su urgencia? ¿Dices que sí a todos menos a ti mismo? Si es así, es evidente que estás teniendo dificultades para decir no y te estás poniendo a ti en el último lugar.

A muchos les pasa que se sienten culpables por no hacer lo que les están pidiendo. Hay quienes llevan su sentido de la responsabilidad a tal extremo, que creen que tienen que arreglarlo todo ellos. Hay personas que creen que tienen que decir sí a todo el mundo, como forma de quedar bien y agradar.

Sin embargo, saber decir no es una forma de conseguir que los demás respeten nuestro tiempo, nuestras prioridades, nuestros objetivos, nuestro espacio y nuestros criterios. Es una forma de afianzar nuestra autoestima y también es una habilidad necesaria para trabajar poniendo el foco en la consecución de los resultados.

A continuación, resumo 5 pasos que funcionan en el proceso de aprender a decir no:

  1. DESCUBRIMIENTO. Se trata de pensar en situaciones en las que dijimos sí y ahora sabemos que tendríamos que haber dicho no. Consiste en identificar si tenemos un patrón de conducta, es decir, con qué personas nos pasa, en qué tipo de situaciones o contextos, etc. Esto ayuda a entender por qué no somos capaces de decir no en determinados entornos o a personas concretas y, desde ahí, racionalizar esta conducta para poder tomar acciones que nos permitan cambiarla.
  2. REENCUADRE. ¿Qué pasaría si empezase a decir no en las situaciones, contextos o a las personas a las que he identificado en el paso anterior? ¿Puedo sobrellevar esas consecuencias? Si la respuesta es que lo que pasaría no es especialmente grave y que sí puedo asumir las consecuencias, que lo es en la mayoría de los casos, se trata de empezar a cambiar nuestra respuesta, cuando nos volvamos a ver en esa misma situación.
  3. PENSAR ANTES DE DECIR SÍ. Cuando nos volvamos a encontrar en una de estas situaciones, antes de responder, nos preguntaremos: ¿quiero y puedo hacerlo? ¿Cómo va a afectar a mis prioridades? Y después, decidiremos qué vamos a responder. Normalmente, va a ser un NO.
  4. RESPONDER DESDE LA CLARIDAD Y EL RESPETO. Al decir no, es importante expresar con claridad y amabilidad las razones por las que no lo vamos a hacer. Nos haremos respetar, si nosotros somos capaces de mostrar nuestro respeto al otro con nuestras palabras. La gente lo comprende más y mejor de lo que pensamos.
  5. OFRECER OTRAS OPCIONES. Siempre se puede decir no ahora, sí en otro momento; no de este modo, te propongo de este otro; no lo haré yo, te sugiero que…

Cuando llevamos años diciendo sí a los demás, a costa de relegar nuestras prioridades a un último lugar, cambiarlo y empezar a decir no, es un giro que no es fácil. Pero merece la pena probar a hacerlo de un modo diferente, porque suele proporcionar mejores resultados a los que lo practican.

“Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no”. 

Gabriel García Márquez 

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Alexandra Tapia

Socia de TALENT PROFITS

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¿TÚ TAMBIÉN PIERDES EL FOCO?

¿TÚ TAMBIÉN PIERDES EL FOCO?

¿Tú también pierdes el foco?

7 pasos para poner foco en nuestro día a día

Hace unos días, me contaba una amiga que está muy descentrada. Me explicaba que la semana anterior había perdido las llaves del coche, que dos días después no se presentó a una reunión con un cliente, porque había confundido la fecha, con los problemas que eso le supuso. Luego, había quedado en que ella iría a recoger el martes a su hijo a la clase de atletismo y se puso con un tema urgente, que le había pedido su jefe, olvidando por completo que tenía que recoger al niño.

Cuando me lo contaba, le dije: “lo que tienes que hacer es poner foco”. Ella me miró con incredulidad y enfado y me respondió: “¡Hasta ahí llego! ¿Te crees que no lo sé? ¡Claro que sé que tengo que poner foco, pero no lo consigo!”

¿Cuántas veces hemos pasado por etapas parecidas a esto? Cuando nos encontramos en estas situaciones es porque el caos y la desorganización nos vencen y hay que parar y empezar a hacer algo diferente para salir de la rueda. Se trata de volver a poner atención para ponernos nosotros al mando y no dejar que nos dirija el entorno.

A continuación, propongo 7 pasos para volver a poner foco en nuestras vidas.

  1. CÁLCULO DE LO IRRELEVANTE. Se trata de pararnos a pensar en cuántas cosas estamos haciendo cada día, que no son relevantes o que no tienen ningún valor para lograr nuestros propios objetivos profesionales, ni para conseguir lo que para nosotros es importante en la vida. Todo eso “irrelevante” nos quita energía, nos desgasta y hace que nos manejemos de forma desordenada, por eso nos descentramos. El primer paso es analizar la situación para tomar conciencia de lo que hay que empezar a eliminar o reducir.
  2. ENCONTRAR NUESTRA POSICIÓN. Se trata de analizar cuántas veces nos ponemos a nosotros mismos en el último lugar, a lo largo del día. Este paso es necesario para aprender a darnos prioridad a nosotros también. En muchas ocasiones, esto supone aprender a decir no. Cuando logramos hacerlo, entonces empezamos a enfocar mejor nuestras acciones y acabamos estando más centrados. De este modo, al final, este cambio nos da más tiempo para poder volver a decir sí, pero ya no a costa de ponernos a nosotros en el último lugar.
  3. DEFINICIÓN DE LOS OBJETIVOS. La idea es pensar y definir, o incluso, redefinir los objetivos para poder empezar a reordenar nuestras prioridades. En demasiadas ocasiones, perdemos el foco porque nos dejamos manejar por las prioridades de los demás y no por las nuestras. Por eso, acabamos entrando en situaciones de caos.
  4. TIEMPO PARA UNO MISMO. Es importante dedicar tiempo a nosotros mismos. Se trata de tomarnos tiempo para planificar, para establecer prioridades, para organizarnos y organizar nuestro entorno, es decir, tiempo para “enfocar”.
  5. PRIMERO LO PRIMERO. Ya nos lo explicó y clarificó Stephen R. Covey, hace tiempo: afrontemos los días gestionando primero lo importante, no lo que más nos preocupa.
  6. PRIMERO UNA COSA Y DESPUÉS LA SIGUIENTE. Nos han hecho creer que el “multi-tasking” es algo positivo, pero la Neurociencia ha demostrado lo contrario. Yo soy partidaria de que hay que concentrarse en hacer bien lo que estamos haciendo y después en lo siguiente.
  7. LA LISTA DEL FINAL DEL DÍA. Es algo sencillo y de gran utilidad. Consiste en hacer una lista al final del día para ver cómo ha ido nuestra planificación. Esto nos ayuda a darnos cuenta de los ajustes que necesitamos realizar y también nos permite tomar conciencia de los cambios que estamos haciendo en positivo hacia nuestros objetivos. Es una práctica que ayuda y anima a seguir trabajando con foco.

Recuperar el foco y la claridad mental necesaria para volver a llevar las riendas del día a día nos sienta bien y nos acerca a los resultados.

“El rasgo que determina, junto con otros, la potencia ajedrecística es la inquebrantable atención sobre lo que ocurre en el tablero.” 

Alexander Alekhine

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Alexandra Tapia

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LA PACIENCIA ES UN MÚSCULO QUE TAMBIÉN SE ENTRENA

LA PACIENCIA ES UN MÚSCULO QUE TAMBIÉN SE ENTRENA

La paciencia es un músculo que también se entrena

7 formas para ejercitarla en el día a día

 

¿Te desesperan los anuncios que aparecen cuando vas a ver un vídeo? ¿Te pone de los nervios tener que esperar una larga cola para pagar la compra? ¿Te molesta que te interrumpan cuando estás explicando algo en una reunión? ¿Y que tu jefe te diga “ponte con esto, es urgente, lo necesito para ayer”?

Sí, hay muchas cosas que acaban con nuestra paciencia. Y a lo largo del día, se van sumando una tras otra. Y así cada día de la semana y cada semana, hasta el punto de generar que vivamos en un estado de ansiedad que afecta, no sólo a nuestro ámbito personal, sino también a nuestra forma de trabajar.

En demasiadas ocasiones, pensamos que casi todo se tiene que hacer más rápido, actuamos de forma apresurada, reducimos a la mínima expresión el tiempo dedicado a escuchar de verdad, a entender a los otros, a comprender las situaciones. Y acabamos comportándonos incluso con arrogancia. Vamos tan orientados a la acción, que lo queremos todo inmediatamente, tanto que nos estamos convirtiendo en seres impacientes. Y la impaciencia tiene consecuencias negativas en los resultados, porque nos lleva a tomar decisiones apresuradas, cuando estamos bajo presión, y también a reducir nuestro rendimiento.

La buena noticia es que la paciencia también se puede entrenar. A continuación, propongo 7 formas de ejercitarla:

  1. ADELANTAR LA ALARMA DEL DESPERTADOR. Empezar el día unos minutos antes, cada uno los que necesite. ¿Para qué? Para elaborar o revisar la lista de cosas que queremos hacer en el día. Esto nos ayuda a tener una visión más global de lo que queremos que ocurra y de los temas que queremos resolver. Y así lo afrontamos con la calma, que nos da el mirar las cosas con perspectiva.
  2. PRACTICAR LA CORTESÍA. No interrumpir o terminar las frases de los demás. Dejar que expresen sus argumentos y luego gestionarlos. También es importante observar nuestro lenguaje no verbal, porque delata nuestra impaciencia. Y hay que tratar de cambiarlo por una gestualidad más serena. Esto facilita la comunicación con los demás y también nos ayuda a no perder el control cuando estamos bajo presión.
  3. ESCUCHAR MÁS DE LO QUE HABLAMOS. Recordemos aquello de que “la naturaleza nos dio dos orejas y sólo una boca, con el objetivo de escuchar el doble de lo que hablamos”. Las personas impacientes siempre dan respuestas y soluciones muy pronto. Es mejor pensar en las preguntas que se deberían responder para resolver los problemas con los que nos encontramos. Y escuchar a las personas con las que trabajamos, qué es lo que tienen que decir sobre ello. Las personas pacientes obtienen buena información, porque dedican tiempo a escuchar a los otros y con buena información toman mejores decisiones.
  4. TENER CLAROS LOS OBJETIVOS. En las situaciones complicadas, guiarnos por nuestros objetivos nos ayudará a pensar con claridad sobre cuál es nuestra mejor opción, la que nos acerca a esas metas. Y así podremos gestionar la paciencia necesaria para priorizar y salir de dichas situaciones con éxito.
  5. FOCO EN LA SOLUCIÓN. Cuando las cosas no salen como esperamos o como necesitamos, es muy recomendable dejar de pensar en todo lo que nos falta o en lo que queremos evitar y concentrarnos en lo que queremos conseguir. Si pensamos en cómo encontrar una solución, pondremos toda nuestra energía en ello y acabaremos encontrando una forma de gestionarlo.
  6. ANTE TODO CALMA. Ante las situaciones complicadas, las que pueden acabar con nuestra paciencia, es bueno contar hasta diez. Eso nos permite recuperar la serenidad para gestionar estas situaciones con mayor claridad mental y ser más certeros en la solución.
  7. NO TOMAR LAS COSAS COMO ALGO PERSONAL. Si sentimos como personales las cosas que nos ocurren, entonces necesitamos entrar en conflictos para tener la razón y eso nubla nuestra capacidad de mantener la calma.

“La paciencia no es pasiva; por el contrario, es activa; es fuerza concentrada” 

Edward G. Bulwer-Lytton

 


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Alexandra Tapia

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LA CALIDAD DE LAS DECISIONES

LA CALIDAD DE LAS DECISIONES

La calidad de las decisiones

Modelo basado en 5 pasos

En el día a día, tomamos decisiones constantemente, grandes y pequeñas. En nuestro área de responsabilidad profesional, demasiadas veces, tomamos decisiones con escasa información. Y nuestra verdadera aportación de valor en la empresa está en la capacidad para tomar buenas decisiones.

Cuando el impacto económico de una decisión es bajo y además se puede corregir con facilidad, podemos trabajar con mayor rapidez en el proceso y hay que inyectarle agilidad a nuestra forma de hacerlo. Pero cuando se trata de decisiones de mayor calado, deberían tenerse en cuenta varios elementos:

  1. Entender bien y definir cuál es el problema u oportunidad, que requiere de nuestra decisión. En demasiadas ocasiones, nos lanzamos a la toma de una decisión, sin tener bien definido el asunto sobre el que estamos tomando acción y esto hace que tengamos que estar haciendo correcciones a posteriori, que son más costosas que el tiempo dedicado a definir el problema. De hecho, hay estudios que demuestran que definir el asunto y tomar acción sobre él se producen casi de forma simultánea.
  2. Realizar un análisis objetivo de la situación. Si entendemos bien las causas, incluso los problemas ocultos, nos resultará más fácil encontrar alternativas. Muchas veces, la excusa de la urgencia del día a día, nos lleva a analizar la información, en función de una decisión que tenemos ya tomada. Es decir, hacemos el proceso al revés para justificar lo que intuitivamente creemos que hay que hacer, de modo que nos quedamos en soluciones que ya hemos utilizado en el pasado. Si es así, es preferible no dedicar un minuto más a analizar. Pero si queremos hacer las cosas bien, hagamos primero un análisis de la información de la que disponemos. Y hagámoslo siempre desde un equilibrio entre el analizar y el hacer, porque si queremos verlo todo claro antes de actuar, nunca vamos a decidir.
  3. Definir el objetivo. Qué es lo que queremos conseguir con esta decisión, dándole la mayor especificidad posible, y qué impacto va a tener. 
  4. Identificar las estrategias y planificar las acciones a llevar a cabo. Si hemos realizado bien los tres primeros pasos en este proceso, encontrar el modo de darle forma al camino a seguir es una tarea mucho más sencilla de lo que parece.
  5. Asegurarnos de su ejecución y evaluar el impacto. El seguimiento de nuestras decisiones también forma parte de la calidad de las mismas, porque es en el proceso de llevar a cabo la acción, cuando iremos observando dónde tenemos que hacer correcciones y las podremos realizar a tiempo. Y además, los aprendizajes enriquecerán decisiones futuras.

Este proceso requiere calma, foco y también experiencia, intuición y valentía. 

¿Estamos generando los entornos profesionales adecuados para poder trabajar de este modo?

“Si siempre tomas la decisión correcta, la segura, la que toma todo el mundo, siempre serás lo mismo que todos los demás”

Paul Arden

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CÓMO ENTRENAR EL PENSAMIENTO ESTRATÉGICO

CÓMO ENTRENAR EL PENSAMIENTO ESTRATÉGICO

Cómo entrenar el pensamiento estrátégico

6 pautas para entrenar una competencia que es clave para los resultados

Para mí, que he desarrollado la mayor parte de mi carrera profesional en el área de Marketing, en compañías que operaban desde una perspectiva altamente estratégica, siempre han merecido una alta valoración las personas con pensamiento estratégico. Y he tratado de rodearme de estos perfiles.

No sólo en el terreno del Marketing es importante esta competencia; en todo el ámbito de negocio es vital desarrollar el pensamiento estratégico, como eje de nuestra forma de trabajar.

Las personas con esta competencia piensan de forma global, analizan múltiples elementos y efectos de un tema y los proyectan a medio y largo plazo.

Las personas con pensamiento estratégico son lo que llamaríamos personas sofisticadas. ¿Por qué? Porque las estrategias y las distintas perspectivas no suelen surgir de una mente que no esté formada, sino que vienen de una mente que está preparada y que ha recibido la influencia de distintas experiencias, intereses, vivencias, etc. Para trabajar con la perspectiva que requiere el pensamiento estratégico es necesario tener diversidad y amplitud de conocimientos, porque eso ayuda a poder realizar las distintas conexiones que requiere esta competencia.

Como casi todo en la vida, ésta es una habilidad que se puede entrenar.

A continuación, propongo algunas claves para practicarlo en el día a día:

  1. LEE DE DIVERSAS FUENTES, DE FORMA HABITUAL. Cuando leas el periódico, una revista, una publicación especializada, un libro… anota entre dos y cuatro cosas que te parezcan interesantes para ser adaptadas a tu organización o a tu área de responsabilidad.
  2. HAZ PREGUNTAS Y ESCUCHA CON ATENCIÓN. Una de las características de la gente con pensamiento estratégico es la curiosidad. Si tomamos el hábito de hacer preguntas que nos permitan explorar, aprender e indagar sobre los distintos temas, que nos van surgiendo en el día a día, y escuchamos con interés a los demás, vamos a obtener nueva y diferente información de las cosas, que nos va a permitir aumentar nuestra perspectiva y nuestra capacidad de conectar aspectos diferentes. Además, en esta escucha, trata de entender cuáles son los puntos clave de lo que tu interlocutor te está contando. Así te entrenarás en poner el foco en lo importante y deshacerte de lo que no es relevante.
  3. PREGÚNTATE CUÁL ES EL OBJETIVO. Trata de tener claro el para qué de las cosas que haces. ¿Para qué hago esto? ¿Adónde quiero llegar? De esta forma, es más fácil buscar distintas opciones. Si no tenemos claro el objetivo, la estrategia carece de sentido. Estamos en un mundo que va muy rápido y que nos arrastra en el día a día, demasiadas veces nos movemos sin tener muy claro cuál es el objetivo de las cosas que hacemos. Para desarrollar el pensamiento estratégico es necesario tener la capacidad de entender el para qué de las cosas.
  4. RODÉATE DE GENTE DIFERENTE A TI. Trata de hablar con personas que hacen cosas distintas a las que tú haces, que tienen experiencias, pensamientos y perspectivas diferentes de las tuyas. Esto te ayudará a darle una mayor amplitud al observador que eres de la realidad.
  5. SÉ FLEXIBLE. Las estrategias no perduran eternamente. Las estrategias se renuevan, sobre todo en un mundo que evoluciona tan rápido como el que nos ha tocado vivir. Una de las características que definen el pensamiento estratégico es la capacidad de buscar nuevas y diferentes opciones. Por eso, es tan importante entrenarnos diariamente para tener una mente abierta, lo que nos ayudará a estar preparados para ello, cuando lo necesitemos en nuestro área de responsabilidad en la empresa.
  6. ATRÉVETE. Prueba a hacer cosas diferentes a las que haces en tus rutinas habituales. Empieza por cosas sencillas, aunque sean pequeñas, pero que supongan un atrevimiento por tu parte. Si esto lo vas haciendo poco a poco, te irás preparando para los momentos en los que se requiera que tomes decisiones valientes, que te ayuden a la diferenciación. Eso también es parte del pensamiento estratégico.

Entrena cada día esta competencia, porque te ayuda a pensar en términos de resultados.

 

“La táctica consiste en saber qué hacer cuando hay algo que hacer. La estrategia, en saber qué hacer cuando no hay nada que hacer.”

Savielly Grigorievitch

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LOS BEATLES, UN EQUIPO DE ALTO RENDIMIENTO

LOS BEATLES, UN EQUIPO DE ALTO RENDIMIENTO

Los Beatles, un equipo de alto rendimiento

6 aprendizajes para nuestros equipos

 

Hoy, 16 de enero, es el Día Internacional de Los Beatles. Casi 6o años después de su creación, siguen siendo considerados como uno de los mejores grupos de la historia de la música. Muchos dirán que el mejor. Cerca de 30 números 1 y millones de discos vendidos los han convertido en una leyenda. Ellos ya son eternos.

Cuando alguien es capaz de alcanzar la gloria y perdurar en el tiempo de la forma en que ellos lo hicieron, merece la pena explorar un poco más para entender qué podemos aprender para llevarlo a nuestro equipos.

Desde mi punto de vista, hay 6 elementos clave sobre los que podemos establecer un paralelismo:

  1. OBJETIVO COMÚN Y CLARO. Los Beatles tenían un objetivo que compartían los cuatro y que tenían muy claro todos ellos. Querían triunfar y pasarlo bien haciendo aquello que les apasionaba: la música. El primer paso y más importante para que un equipo avance hacia el alto rendimiento es tener un propósito claro, con el que todos sus miembros están realmente comprometidos y que está por encima de los intereses individuales. Cuando esto se consigue, el equipo empieza a avanzar hacia su mejor versión. Cuando los individuos destacan sobre el equipo, éste se acaba rompiendo.
  2. PASIÓN. Los Beatles eran unos grandes apasionados de la música y eso, unido a la sinergia de sus talentos, los llevó a la cima. Un equipo, para conseguir los mejores resultados, necesita estar apasionado por lo que hace, porque ahí es donde saca lo mejor de cada uno de sus miembros y lo multiplica.
  3. ROLES CLAROS Y DIVERSIDAD. Los cuatro Beatles eran diferentes entre sí. Cada uno entendía, asumía y jugaba su rol en el grupo, respetando al resto; al menos, mientras fueron un verdadero equipo. En un equipo de alto rendimiento es necesario que sus miembros tengan habilidades distintas, que se complementen y asuman roles distintos para el buen funcionamiento del equipo en la consecución de los objetivos.
  4. COMUNICACIÓN, CONFIANZA Y RESPETO MUTUO. Durante la época en que los Beatles fueron un verdadero equipo, incluso también después, siempre se comunicaron con absoluta transparencia entre ellos. Un equipo de alto rendimiento se basa en la confianza entre sus miembros y, para ello, es necesaria una comunicación honesta y respeto entre todos ellos. Esto se da cuando el objetivo del equipo prima por encima de las individualidades.
  5. ATREVIDO. Los Beatles se atrevieron a innovar en unos años muy competitivos en el mundo de la música. Un equipo de alto rendimiento, para sobresalir en resultados, tiene que ser un equipo que se atreva a probar, cambiar e innovar en sus decisiones y acciones.
  6. LA FIGURA DEL LÍDER. En el caso de los Beatles, su manager B. Epstein, fue alguien en quien los cuatro músicos confiaban y cuya guía sirvió para aunar y alinear a cuatro individuos tan diferentes, siendo capaz de llevar al éxito la suma de sus grandes talentos. Se dice que su muerte fue el principio del fin de los Beatles, fue cuando empezaron a aflorar sus grandes diferencias y éstas pesaron más que aquello que les había unido en el pasado. En un equipo de alto rendimiento, la figura del líder es un elemento clave para potenciar todo aquello que les une y mover al equipo hacia su mejor versión.

 

“Lo de los trajes nos convirtió en una sola persona. Éramos un monstruo de cuatro cabezas»

Paul McCartney

Los Beatles miembros de la Orden del Imperio Británico, en 1965. - AP / ARCHIVO

Los Beatles miembros de la Orden del Imperio Británico, en 1965. – AP / ARCHIVO

 

Alexandra Tapia

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FOTO DESTACADA: Portada del disco de The Beatles Abbey Road Apple Corp. 

¿TÚ TAMBIÉN CREES QUE, SI MIRAS BIEN, HAY ELFOS?

¿TÚ TAMBIÉN CREES QUE, SI MIRAS BIEN, HAY ELFOS?

¿Tú también crees que, si miras bien, hay elfos?

Llevamos varios días sintiendo que ya casi es Navidad, preparando nuestras casas, iluminando nuestro entorno, organizando los encuentros familiares y la ilusión de nuestros niños. Vivimos estos días con entusiasmo, generosidad, ilusión y cariño.

Es el momento perfecto para desear a nuestros amigos, familiares, compañeros, clientes, etc. lo mejor para estas fechas y para el esperado 2020.

Yo voy por la ciudad, veo la decoración de los escaparates, las calles y vuelvo a sentir esas cosas tan maravillosas que nos hacen humanos, ahora más que en ninguna otra época del año. Y sí, quiero creer que si miras bien, hay elfos.

Hay elfos en todas las personas que hacen que nuestras vidas sean mucho más fáciles que en cualquier otra parte del planeta. Hay elfos en nuestros seres queridos, que lo dan todo para que estas fechas vuelvan a ser inolvidables. También creo que hay elfos en esos compañeros de trabajo que nos regalan una sonrisa y son solidarios con nosotros, cuando las cosas se complican, que “haberlos haylos”. Creo que hay elfos también en cada uno de nosotros, cada vez que somos generosos, amables, agradecidos, cada vez que ayudamos a un compañero en nuestro trabajo y cada vez que tratamos a las personas que nos rodean con amabilidad. A veces, el día a día nos invade y no nos permite aflorar todas estas buenas cualidades. La parte positiva es que en estas fechas tenemos una mayor predisposición. ¡Pues, aprovechemos este entorno para sacar esas conductas!

Yo, como dice la niña del spot, creo que :

“Si miras bien hay elfos. Mira bien, sí hay elfos. Mírate, eres elfo”.   

Feliz Navidad y que 2020 sea un gran año para todos

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Alexandra Tapia

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5 pasos para ejercitar la GRATITUD

5 pasos para ejercitar la GRATITUD


5 pasos para ejercitar la GRATITUD

Un valor para integrar en nuestro día a día, de verdad

Hace unos días, cuando impartía un curso de Liderazgo, hablábamos de la importancia de dar las gracias. Pero dar las gracias de verdad, sintiéndolo de corazón y mostrándole verdadera gratitud al otro. Y uno de los participantes nos contaba que ha trabajado durante más de diez años con el mismo jefe y no recordaba cuál era la última vez que éste le había dado las gracias. De hecho, pensaba que no había habido una primera vez, siquiera. Y el colmo es que, incluso, este jefe solía recordar a sus colaboradores que “es de bien nacidos el ser agradecidos”.

Hay mucha gente que lo tiene todo y no es feliz. Probablemente, porque no están agradecidos por lo que tienen.

En el entorno profesional, nos dejamos llevar por la competitividad. Y parece que estamos abocados a ello, sin remedio, para sobrevivir en este entorno, a veces hostil, que nos ha tocado vivir. Sin embargo, yo estoy convencida de que las personas de éxito son aquellas que desarrollan el hábito de la cooperación. Y cooperación y gratitud suelen ir de la mano.

Tenemos la tendencia a fijarnos en lo que nos falta, en lo que no ha salido bien y nos cuesta fijarnos en los aspectos positivos de nuestro día a día o de las personas que nos rodean. Cuando pronunciamos la palabra “gracias” nos impregnamos de respeto. Sí, porque con nuestra gratitud mostramos respeto al otro y tratar con respeto a los demás es también una forma de respetarnos a nosotros mismos. 

Cuando damos las gracias también generamos un vínculo. El otro se siente más comprometido. 

El hecho de decir gracias hace que sintamos empatía por el otro. Pero es más, cuando damos las gracias nuestro cerebro se llena de endorfinas. Nos sentimos bien y este bienestar nos ayuda a tener pensamientos positivos. Lo que estamos haciendo es conectar circuitos neuronales que nos preparan para manejar mejor las situaciones difíciles. Se ha demostrado que expresar gratitud cambia la estructura molecular de nuestro cerebro y hace que la materia gris se mantenga en funcionamiento. Es decir, ayuda a mejorar nuestro bienestar y también nuestro rendimiento.

Practica el arte de la gratitud

  • Crea tu diario de la gratitud. Haz una lista de las cosas por las que puedes sentirte agradecido. Sólo con este primer paso, ya vas a sentir que tu estado de ánimo mejora. Si además incorporas el hábito de empezar el día haciendo un repaso de aquello por lo que puedes estar agradecid@, verás cómo cambia tu estado y tu actitud para afrontar las situaciones difíciles.
  • Sé concret@. Muchas veces, damos las gracias como un acto reflejo. Cuando des las gracias a alguien, completa la frase: “gracias por esto”.
  • Da las gracias sin esperar nada a cambio. Es más sincero y al final, siempre acaba volviendo algo positivo después de un ¡Gracias!
  • Hazlo todos los días. Ponte el objetivo de agradecer, al menos, a una persona cada día.
  • Párate a tomar conciencia sobre cómo te sientes cuando das las gracias y qué se genera en torno a la palabra “gracias”. Te darás cuenta de que merece la pena repetirlo en más ocasiones, porque la gratitud genera bienestar.

 

“Al expresar nuestra gratitud, nunca debemos olvidar que la mayor apreciación no es pronunciar las palabras, sino vivir de acuerdo con ellas”

John F. Kennedy

 

Alexandra Tapia

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La buena gestión de recursos humanos

Escrito por José Luis Pascual (Socio de Talent Profits)

Tengo el placer de compartir con todos vosotros el lanzamiento del libro “La buena gestión de recursos humanos. Una ventana al futuro para la selección, retención y cuidado del personal” en el que he tenido el placer de ser co-autor y que tiene como principal objetivo la gestión del talento, tema crítico en la época del conocimiento en la que nos encontramos viviendo y en la que la calidad de nuestros empleados marcará más que nunca el éxito o el fracaso de nuestras organizaciones.

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